Colegialas


Las colegialas
Una tarde al montarme en el ascensor de mi piso, coincidí con mi vecina de piso Alicia, que vivía frente a mí, y con una amiga de ella, que debían ir juntas al colegio de monjas que había cerca de nuestro edificio, por el uniforme que portaban. Ambas chicas debían tener la misma edad, o sea, la de Alicia, 18 años. Alicia era una chica rubia, con una generosa melena, ojos verdes y un cuerpo opulento. A pesar de la corta edad, yo mantenía frecuentemente relaciones con ella desde hace tiempo.
Ante tal situación, Alicia me presentó a su amiga, la cual resultó llamarse Nuria. Ella era también rubia, con el pelo un poco más corto, con ojos claros, y un cuerpo escultural igualmente. Me dijo que era una compañera de clase suya del instituto. Aparentemente, Nuria no parecía tan zorrita como mi vecina, y no tenía la mirada lasciva de Alicia. Alcanzamos nuestra planta y salieron ellas primero, y detrás yo. Tenía delante de mí, una venerable visión, dos rubias colegialas de 18 años, con sus espectaculares cuerpos totalmente desarrollados para su edad y con sus uniformes del cole, una corta faldita escocesa, con un polo blanco. Nos despedimos y entramos en nuestros pisos. Esa noche, a las horas, llame a casa de mi vecina Alicia, salió el padre, y le pregunté si estaba su hija, que necesitaba unos libros, para ver si ella los tenía, o sea lo típico, ya que esta era mi señal, para que después ella fuera a mi casa, y me contestó el padre que estaba en el baño, que le diría que fui.
Al rato vino, me senté en el sofá con ella y después de hablar cosas banales introductorias, le pregunté por su amiga Nuria. Le expliqué que me había puesto cachondo y que me gustaría tirármela. A lo que ella me contestó: No, fóllame a mí, ¿no obtienes suficiente conmigo?, a lo que le contesté: Cállate niña, a ti te follo cuando me plazca, ya lo sabes, pero ahora quiero reventar a tu compañera de clase. Replicándome ella: será difícil, por dos razones, la primera es porque es virgen, no ha estado nunca con ningún tío, por lo que esta conlleva a la segunda, que es porque ella es lesbiana.
Su confidencia me había caldeado, solo pensaba ya en la amiga rubia de Alicia, aquella inocente adolescente virgen y encima lesbiana. Empecé a darle vueltas a la cabeza, tenía que ingeniar un plan para poder disfrutar de Nuria. Después de un tiempo, completé mi estrategia, se la conté a Alicia, y cuál era su papel en el plan. Ella protestó débilmente al principio, pero creo que ella también deseaba participar de la posible sesión, y rápidamente aceptó. Como colofón, y para celebrar el acuerdo adoptado, tuvimos un gran rato de sexo en mi habitación, logrando que se corriera como una zorrita mi vecina.
Al otro día, y a la hora acordada, vi como entraban Alicia y Nuria a su casa, la cual estaba desierta, pues sus padres estaban en la casa de la playa, el plan funcionaba. Esperé el tiempo acordado y entré con la llave que tenía de su casa sin hacer ruido, me acerqué a la habitación de Alicia y empecé a oír los gemidos de Alicia y su amiguita.
Nuria estaba diciéndole que hacía tiempo que le apetecía hacerlo con ella, pero que ella pensaba que Alicia era heterosexual. A lo que le respondió que se callase, y que siguiera comiéndole el coño.
Abrí lo suficiente la puerta y empecé a ver a las dos colegialas desnudas forjando un deleitante 69, con sus cuerpos de putitas de lujo. Esto hizo que me empalmara a tope, y empezara a acariciar mi extenso pene. Cuando mi excitación era ya insostenible, y creía que las niñas ya habían tenido suficiente, abrí la puerta de golpe. Alicia actuó como sorprendida y Nuria rápidamente se tapó su hermoso cuerpo con la sábana. Entonces les pregunté por lo que hacían y que si les parecía bonito, a lo que Alicia contestó que no era lo que parecía, y Nuria que se iba. A lo que al ver la situación respondí, que se esperasen, que esto no iba a quedar así, no voy a tener más remedio de decírselo a vuestros padres, para que sepan lo que hacéis cuando les decís qué vais a estudiar. A lo que apresuradamente Nuria contestó con un grito desgarrador mientras caía de rodillas lloriqueando y desnuda, ¡no, por favor!, mis padres me matarían si se enteran.
En aquel momento Alicia con sonrisa pícara continuó con el plan, se alzó y se acercó a mí y dijo, algo podremos hacer para que no nos delates, ¿no?, a lo que repliqué, que no sabía, quizás me convencería tener una noche de sexo con ustedes. Al oír esto, Alicia se hizo la sorprendida y contempló primeramente Justamente quedaba todo dispuesto, por lo que me dirigí hacia la cama, y me acosté encima. Alicia atrapó de la mano a Nuria y ambas se subieron en la lecho, y seguidamente, empezaron a comerme la polla. Empezaba a estar en la gloria, observaba como dos zorras colegialas me estaban mamando la polla y empezaba a sospechar que me esperaba una inmejorable sesión de sexo, más me excitaba aun cuando pensaba que los padres de las niñas seguro que pensaban que las muchachas estaban estudiando y que sus hijas eran unas santas.
En esto, aunque encubierta, Alicia gozaba de más práctica, estaba harta de mamármela a mi, y supongo que a muchos de sus amigos y amigas, por lo que yo quería que fuera Nuria quien llevara la iniciativa, y me la comiera más tiempo, y que supiera bien lo que era una polla, pues la muy guarra, los coños si sabía muy bien que eran. Así que la cogí del pelo y empecé a obligarle a meterse la polla hasta el fondo, ella sollozaba y sus lagrimas caían en mi vientre, mientras Alicia me estaba comiendo mi boca, y cuando ella me dejaba, para irla poniendo al nivel que tenía, iba insultando a Nuria, con cosas tipo, eres una putita, que bien la chupas mi zorrita, te voy a perforar tu coñito, te voy a romper ese culito, hoy vas a dejar de ser lesbiana puta.
Tras decir esto último, ella pegó un salto hacia atrás, y me preguntó que cómo sabía eso, a lo que le contesté que esto había sido planificado por Alicia y yo, queríamos verte follar, todo esto estaba preparado para que disfrutáramos contigo, perra. Nuria miró a Alicia, y en ese momento me dio un morreo muy lascivo, y le dijo que lo sentía pero que era verdad, él te quería follar cariño, y yo te quería ver. Tras esto, ella empezó a llorar como una niña, que en verdad es lo que era, y empezó a decir que éramos unos cabrones, que le estábamos forzando a hacer algo que no quería, que a ella solo le gustaban las chicas. Esto me enfadó un poco, así que la cogí, la tiré en la cama, le di la vuelta y la puse a cuatro patas. Ella suplicaba que la dejara ir, que no quería nada con nosotros, pero a mi ver a esa colegiala de 18 años suplicando que la dejara, me ponía muy cachondo, más aun el ver su culito en pompa delante de mí. Nuria no detenía su llanto, y tras ver esto y estar súper excitadísimo, decidí meterle mi polla en su coñito. Al penetrarla, me asombró que estuviera mojadito, estaba gritando que no quería nada con nosotros pero estaba chorreando, la puta lloraba pero estaba cachonda. Así que se la empotré hasta el fondo, ella gritó, exclamó, gimió, clamó y aulló, pero ya estaba, la putita colegiala lesbiana estaba penetrada, su coñito estrecho me estaba llevando al edén.
Ella continuaba gritando que la dejará, que no quería, pedía ayuda a Alicia, pero cada vez la penetraba con más fuerza. Al oír esto, Alicia se abrió de piernas ante Nuria, y le dijo que demostrara que era una lesbiana, por lo que mientras yo la follaba, ella aprovechó para comerle el coño a su amiga. Tras esto, ella dejó de llorar y empezó a gemir, parecía que esto le iba gustando más. Ella cambió de pronto, ahora estaba disfrutando, e incluso empezó, a decir frases insólitas para ella, tales como, fóllame cabrón, me has desvirgado brutalmente mamonazo, soy tuya aunque no me gustéis los tíos, reviéntame cabronazo.
Estaba en el cielo, estaba tirándome a esa colegiala lesbiana de 18 años, virgen, y además ella estaba haciendo llegar al cielo a mi vecinita, tenía ante mí, a dos rubias con sus cuerpos impresionantes. Ya estaba a punto de correrme, pero Nuria se me adelantó y empezó a gritar como una desesperada que se corría. Estaba gritando como una desesperada, se notaba que eso era nuevo para ella, sus gritos eran tan potentes que seguro que el vecindario los oyó. Al mismo instante que ella estaba terminando, me corrí dentro de ella. La zorra colegiala estaba inundada de leche, y además parecía contenta por esto.
Tras esto, Nuria me dijo que ya estaba, que había sido una niña buena, le había chupado la polla, me ha follado, desvirgándome y encima me ha llenado de leche, por lo que ya estábamos en paz, y que no tenía que contarle a nadie lo ocurrido. Tras esta exposición, le mandé callar, le dije que era una zorra, que aun no había terminado con ella, que se preparase que ahora venía lo mejor.
Entre tanto decíamos eso, Alicia ya se había situado encima de la cama, con su culito en pompa, y me miraba con su carita de niña buena, deseando que ser penetrada. Nuria entendió lo que pasaba, y con cara de sumisa imitó lo que su amiga estaba haciendo y se ubicó al lado de ella en idéntica situación. Tenía ante mí una imagen espectacular, dos colegialas con sus culitos en pompa. Me acerqué a Alicia, observando cómo su coño antes había babeado su culo, y este se encontraba encharcado, y sin terciar palabra se la hundí por su culito, empezando a gemir inmediatamente, su ano estaba acostumbrada a mi polla, ya había sido empalada varias veces por mí. Nuria nos miraba con cara aterrada, pero a la vez de excitación. Estuve metiéndosela un rato para que disfrutara y no tuviera celos de su amiga, pero al rato la dejé con su culo abierto, y me encaminé hacia el culito que anhelaba desde que la vi en el ascensor. Ordené a Alicia que preparara a su zorra amiga, y esta se aproximó y empezó a lamerle el culito, después le introdujo un dedo, dos, y por último tres. Nuria gemía y disfrutaba, estaba en su terreno, estaba disfrutando con una chica, quedaba claro que hacía tiempo que suspiraba tener un rollo con su amiga. Tras un rato de disfrute, aparté a Alicia y comencé a encajarle mi polla con sutileza en su anito, ella empezó a gritar, y solo le había entrado un poquito.
Empezó a insultarme y amenazarme, cabrón, me duele, te voy a denunciar por violación, cerdo, que te jodan, maricón solo te gusta romper culos. Al escucharla, me entró un calentón y se la hinqué de golpe. En el golpe, ella permaneció callada, pero después arrancaron más gritos y suplicas para que le quitara eso de su culo, me suplicaba que la dejara, que le estaba rompiendo el culo, partiéndole en dos. Ante esto, empecé a decirle que quien era el maricón, que ella era tan puta como Alicia, disfruta de mi polla zorrita.
Al ver mi postura, ella dejó de quejarse tanto, e incluso comprendió que si ayudaba acabarían antes, por lo que empezó a acompañar el vaivén de mis embestidas. Alicia estaba súper caliente, deseaba correrse, y al ver que yo no le daría más, adoptó la misma postura de antes, se abrió de piernas delante de la cara de Nuria, y esta empezó a chuparle su coñito chorreante. Yo estaba concentrado en romperle el culo, en reventarla, mientras Alicia se empezó a correr en la cara de Nuria, gracias a la lengua joven pero experta de su amiga lesbiana, yo ya estaba a tope, no podía soportar mucho más las acometidas en ese culito prieto de estudiante virgen. Así que cogí a las dos putitas, y las puse de rodillas ante mí, con sus boquitas bien abiertas y su hermosas lenguas fuera, y empecé a correrme en sus caras, proporcionándoles mi leche mientras insultaba a las dos putitas como se merecían. Al concluir me limpiaron la polla, me vestí, y me fui, dejando a las dos colegialas bien folladas en casa de Alicia, supuestamente para empezar a hacer sus deberes.

Mi vecina y el desvan

Mi nombre es Santiago, y les voy a contar lo que sucedió no hace mucho entre mi vecina y yo.
Antes de nada me describiré: Soy alto (1,84), moreno, delgado, y estoy bastante fuerte. Digamos que con las chicas me va bastante bien. Tengo 20 años y estoy estudiando un ciclo superior de mantenimiento. Actualmente tengo una novia a la que quiero mucho, pero naturalmente ella no sabe nada de lo ocurrido con mi vecina.  
Vivo en un edificio de cuatro pisos, de las cuales solo están habitados tres de ellos. Yo vivo en el primer piso junto a mis padres, en el segundo vive una pareja de ancianos que no hacen más que cuchichear y espiar, el tercer piso está actualmente en venta, y en el cuarto vive un matrimonio y su hija pequeña.  
El matrimonio del cuarto piso se ha mudado aquí hace apenas dos años. El marido es dentista en una clínica que tiene en el centro de la ciudad. La mujer trabaja solo de mañana en una guardería cuidando niños, y por las tardes cuida su escultural cuerpo en el gimnasio, es una mujer de mediana estatura (1,70), delgada, pelo moreno y liso no muy largo, tiene unas curvas impresionantes, unos firmes pechos y unos muslos que acaban en lo mejor que tiene, un hermosísimo culo que quita el hipo. Los dos rondarán los 35 o 36 años.
Pues bien, desde el primer momento pasó a formar parte de casi todas mis masturbaciones, aunque hacía el amor con mi novia con bastante frecuencia, cada vez que me la encontraba en las escaleras con sus mayas de ir al gimnasio que marcaban su precioso culo, tenía que correr al baño y masturbarme en su honor. 
Llegué incluso a obsesionarme con ella, ya que cuando sentía subir a alguien las escaleras, corría hasta la puerta y me ponía a mirar por la mirilla o el cerrojo para ver si era ella y ver su rico trasero. Había veces que iba con minifaldas holgadas que dejaban ver sus muslos carnosos y suaves. ¡Uffff! como me ponía esa diosa, llegó a ser para mí la mujer más morbosa del mundo, incluso antes que cualquier famosa de la televisión.  
Y llegamos así hasta este verano pasado. Yo estaba de vacaciones, era por la mañana temprano, cerca de las nueve treinta y mis padres estaban trabajando y no vendrían hasta la hora de comer. Normalmente en vacaciones duermo hasta más tarde, pero ese día me había levantado temprano para poder ver una película que me interesaba. Me puse a verla recostado en el sofá. Como hacía calor solo llevaba puesta una camiseta y un pantalón corto de pijama que parecía ropa interior. Cuando acabó la película aún era temprano y miré en todos los canales pare ver si vería algo interesante, pero no tuve suerte, así que para matar el tiempo decidí ver alguna película porno que había descargado de Internet y masturbarme rico. Cuando comencé a verla. Recordé que mi madre me había ordenado subir unas cajas con ropa vieja al desván, así que decidí subirla antes de nada para olvidarme del tema. 
Pensé que a esas horas no habría problema en subir en pijama hasta el desván, ya que todos estaban trabajando menos los ancianos del 2 piso, pero casi nunca salen de casa y menos en verano. Así que tome las dos cajas de ropa y subí las escaleras, no sin antes recoger las llaves del desván. 
Fui subiendo poco a poco, ya que las cajas aunque no eran muy pesadas, si eran bastante grandes y limitaban mi campo de visión. Cuando pasaba por delante de la puerta del 4 piso, sin querer rocé con mi hombro el timbre de la puerta y este sonó, en un principio no le di importancia ya que pensaba que no había nadie en casa. Pero de pronto sentí como unos pasos al otro lado de la puerta y seguidamente esta se abrió. 
Apareció mi vecina que se quedó un poco sorprendida al verme en pijama y cargando con dos cajas. Le dije que me disculpara por haber tocado sin querer el timbre de su puerta. Me dijo que no pasaba nada, e incluso se ofreció para ayudarme a subir las cajas. Yo le dije que no hacía falta que me ayudase, pero ella insistió y cuando me quise dar cuenta ya me había quitado una de las cajas de encima y estaba subiendo por la escalera. Subí justo detrás de ella, pude observar su espectacular trasero el cual se le marcaba muy bien gracias al pantalón de deporte ajustado que llevaba lo que me extrañó ya que solo se suele poner esos pantalones cuando va al gimnasio por las tardes.  
Cuando llegamos a la puerta de mi desván, saqué la llave de un pequeño bolsillo del pantalón de mi pijama y abrí la puerta. Le dije que si quería podía dejar la caja en el suelo y yo la metería dentro, pero ella no me hizo caso y entró en el desván.
Ya dentro, coloqué las cajas dentro de un armario viejo, cuando terminé observé que mi vecina estaba muy interesada mirando la cantidad de cosas que había en mi desván, me dijo que le gustaban mucho la antigüedades, y de eso hay mucho ya que muchas de las cosas habían pertenecido a mis abuelos e incluso a mis bisabuelos. Le expliqué un poco de donde había salido todo y pareció interesarle. Se acercó a una mecedora que había pertenecido a mi abuela, se sentó en ella e inclinó su cuerpo hacia atrás para balancearse. Siguió mirando todo desde su asiento, hasta que su mirada se posó en mi, esa mirada me inquietó un poco, no sabía qué hacer, y lo más incomodo es que tampoco sabía que más decirle, solo esperaba a que se levantara y nos fuéramos de allí, pero eso no ocurrió. 
Empezó a preguntarme qué tal me había ido el curso y todas esas cosas que la gente pregunta cuando no saben de lo que hablar. Estuvimos hablando de tonteras un buen rato, ella sentada en la mecedora como una diosa con esos pantalones ajustados que le llegaban hasta los gemelos, una sudadera de tela fina que marcaba perfectamente sus bellos pechos, y unas pantuflas que dejaban ver esos desnudos y hermosos pies. Mientras yo estaba de pié a unos pocos pasos de ella con simplemente una camiseta, un pantalón de pijama corto que parecía mi ropa interior y unas pantuflas también. 
Me contó que como era verano había menos trabajo en la guardería, dejaba a su hija allí y tenía algunas mañanas libres durante la semana, y que las aprovechaba para ir al gimnasio, me dijo que estaba a punto de irse cuando toqué su timbre. Yo le pregunte por qué no se había ido en lugar de ayudarme a subir las cajas y ella me respondió que esa mañana no tenía muchas ganas de matarse en el gimnasio y prefirió ayudarme, además dijo que ya tendría tiempo de ir por la tarde.  
Después de más de media hora hablando con ella en el desván se levantó y dijo que ya era hora de bajar, yo asentí. Salimos y bajamos, al llegar a la puerta de su piso me pregunto si mis padres estaban en casa, yo le contesté que no, que estaban trabajando y no volverían hasta dentro de un par de horas. Ella me dijo que su marido también estaba trabajando, y me ofreció pasar a su casa para tomar algo y así no estar solo en mi piso. Yo con más vergüenza que otra cosa le dije que no, que tenía cosas que hacer en casa. Vi que se quedaba un poco extrañada, pero cortésmente se despidió de mí y entro en su piso. Yo bajé al mío. Al cerrar la puerta me di cuenta de mi estupidez y de la oportunidad que había dejado escapar para estar a solas con mi vecina en su departamento.
Cuando me repuse de mi idiotez retome lo que estaba haciendo antes de haber subido al desván, pero ahora ya no me apetecía ver ninguna peli porno, sino que me masturbaría fantaseando con lo que podría haber pasado en el piso de mi vecina de haber sido un poco más listo y haber entrado. 
Me senté en el sofá, me bajé el pantalón del pijama y me puse al tema. Me imaginaba como mi vecina se iba desnudando delante de mí y como se recostaba encima y me cabalgaba desenfrenadamente. Estaba a mitad de mi masturbación cuando sentí que alguien estaba bajando las escaleras, pensando en que pudiera ser mi vecina, me levante del sofá a toda prisa y con los pantalones abajo y a saltos llegué hasta la puerta de entrada y me puse a mirar por la mirilla, me daba mucho morbo estar masturbándome y verla bajar las escaleras con sus modelitos de gimnasio, supongo que soy un poco voyeur.
Por fin entró en mi campo de visión y efectivamente era mi vecina, incrementé mi masturbación al máximo. Pero me quedé helado cuando se paró en frente a mi puerta y llamó al timbre.  
No sabía qué hacer, allí estaba yo con mi pene en la mano masturbándome con la persona que estaba al otro lado de la puerta y está llamando al timbre. No abrir era una mala opción ya que ella sabía perfectamente que yo estaba en casa, así que con mucho cuidado de no hacer ruido para que no se enterase de que estaba delante de la puerta me fui subiendo el pantalón corto ocultando con la camiseta lo más posible mi erección.  
Cuando estuve listo abrí la puerta y allí estaba esperando mi vecina. Me preguntó si podía pasar, yo por supuesto acepté. Nos fuimos a la sala y nos sentamos en el sofá. Me dijo que no tenía nada que hacer en su casa y que decidió bajar para ayudarme en mis tareas. Yo le dije que no hacía falta que me ayudase, además que ya había hecho todo lo que me habían mandado mis padres que era solo haber subido las cajas al desván.  
Ella me pregunto entonces por qué había dicho antes que tenía cosas que hacer. Yo no supe que responder, me quedé en blanco. Ella siguió hablando y me dijo que no hacía falta que pusiera disculpas para no estar con ella, esto último lo dijo con un tono medio enojado. Yo le dije que me disculpase, que no era por no estar con ella que era por y me volví a quedar en blanco. Entonces ella al verme cohibido me pregunto si su presencia me ponía nervioso o me incomodaba. Yo le conteste que un poco, pero que no era por nada en particular, sino que el estar con una mujer tan atractiva como ella me ponía nervioso. Ella se empezó a reír y a decir que ya lo entendía todo.  
Me preguntó que como me podía atraer si yo tenía novia. Yo le contesté que aunque tuviese novia no me habían amputado los ojos para no ver a otras mujeres atractivas. Ella rió otra vez, y me dijo que tenía razón, que por tener pareja no hay porque dejar de mirar a otra gente. Me dijo que ella misma en el gimnasio se quedaba boquiabierta mirando para los fornidos hombres que allí había y que a veces le daban ganas de tirarse encima de ellos, pero que una cosa era mirar y otra muy distinta pasar a hacer algo más. Yo le dije que tenía razón, que por mirar no pasa nada.
 Ella continuó hablando del tema, me dijo que más de un hombre también se le quedaba mirando en el gimnasio y que incluso algunos intentaban ligar con ella. Me dijo que a veces pensaba en darles atención y dejarse ligar, pero que en ese gimnasio había gente conocida y no se atrevía por si se enteraba alguien. Yo me quedé algo confuso, me había dicho que a veces pensaba en ponerle los cuernos a su marido.  
Entonces ella me pregunto si yo nunca había pensado en serle infiel a mi novia. Yo le conteste que no, pero que tampoco se me había presentado nunca la ocasión. Ella esbozó una sonrisa picarona y me pregunto que si se me presentase la ocasión que haría. Yo me empecé a poner un poco nervioso, y mi pene que ya se había ablandado volvió a reaccionar. Le dije que no sabía, que dependía con quien y en qué situación.  
Me pregunto entonces que si fuera con una mujer que me pusiera muy caliente y en una situación en la que nadie se enterase si lo haría. Yo cada vez más nervioso y con mi erección más dura le contesté que seguramente sí. Entonces ella sonrió y yo me empecé a sonreír y le pregunte si ella también pensaba en serle infiel a su marido con los hombres del gimnasio. Entonces ella también se rió y me dijo que los hombres del gimnasio a veces la ponían muy caliente y que era normal que tuviese esos pensamientos, pero que ella a su marido lo quiere más que a nadie. Yo también le dije que a mi novia la quiero mucho, pero que la carne a veces es muy débil. Entonces ella me dijo que me proponía un reto, que si era capaz de ponerla tan caliente como los tipos de su gimnasio, podría cogérmela. Yo me quedé atónito, me lo soltó así sin más, sabía que con la conversación que estábamos llevando podría suceder algo, pero no me imaginaba que me lo dijese así sin más. Por supuesto acepté el reto. 
Me dijo que primero quería verme bien, así que me dijo que me levantase y me desnudase delante de ella. Dicho y hecho, me levante, me quité la camiseta, el pantalón y las pantuflas. Ella me observó muy entusiasmada, me dijo que tenía un cuerpo precioso y un miembro más grande que la de su marido, parecía que se le hacía agua a la boca. Me dijo que fuéramos a mi habitación y así lo hicimos. Una vez allí se sentó en mi cama y me dijo que podía hacer lo que quisiera para ponerla excitada menos penetrarla.  
Entonces yo la recosté en la cama, me incliné encima de ella y empecé a besarla muy delicadamente. Primero los labios, luego fui bajando por su cuello, empecé a bajarle la cremallera de su sudadera, debajo tenía una camiseta ajustada que le marcaban esos preciosos pechos y unos pequeños pezones que empezaban a crecer. Le quite la sudadera y empecé a masajearle los pechos por encima de la camiseta. Poco a poco fui subiendo hasta llegar hasta los pezones, donde me detuve para saborearlos. Ella empezó a emitir unos pequeños suspiros de placer. Culminé de quitarle la camiseta, y me lance a comerle esos maravillosos pechos que eran un poco más grandes que mi mano.  
Ella puso sus manos sobre mi cabeza y comenzó a acariciarme el cabello mientras me decía lo bien que lo estaba haciendo. Le chupé los pezones como si fuera un poseso, estaban ya completamente duros. Mientras seguía chupando y magreando los senos de mi vecina, empecé a bajar una de mis manos hasta llegar a su zona genital. Y por encima del pantalón empecé a palpar y a acariciar aquella zona. Noté que estaba muy caliente, y cuanto más fuerte acariciaba, ella más suspiraba y me agarraba con más ansia de la cabeza. Subí un poco mi mano y empecé a meterla por debajo de su pantalón. Pronto me encontré con la goma de su tanguita en la cual también introduje mi mano. Comencé a notar el tacto de unos vellos cortos cuidadosamente depilados, también sentía cada vez más un intenso foco de calor.  
Por fin empecé a palpar los labios vaginales de aquella diosa que ya estaban completamente empapados de flujo. Los fui separando cuidadosamente y comencé a palparle y a acariciarle el clítoris. Ella soltó un suspiro mayor que los de antes y cerró los ojos. Con cada caricia que le hacía soltaba un suspiro cada vez mayor, ya casi parecían gemidos. 
Sus gemidos y suspiros eran cada vez con mayor intensidad, y en un momento estaba muy mojada de sus flujos  
Allí estaba yo, comiéndole y chupándole las tetas y masajeándole los labios a mi tan ansiada vecina cuando entre suspiros y gemidos me dijo que le lamiera la vagina. Yo sin dudar le quité las pantuflas y el pantalón y se quedo ante mí con solamente una diminuta tanguita de color azul oscuro. Le tome uno de sus pies y comencé a chuparlo y a besarlo. Fui chupando y acariciando toda su pierna, hasta llegar a sus muslos y entrepierna. Allí se me acabó el camino y ante mi estaban esa ropita interior azul que no tardé en quitarle. Me coloqué entre sus piernas y comencé a acariciarle nuevamente su rayita vertical. Con mi otra mano comencé a meterle dos dedos por su vulva.  
Ella estaba completamente entregada, ya no suspiraba, solo gemía y me decía que quería más. Yo aparte mi mano con la que le estaba tocando el clítoris y la sustituí por mi lengua. Comencé a chupar y a coger con los dedos a aquel tan delicioso clítoris que me recompensaba con más y más flujos.  
Continué con aquella tarea unos cuantos minutos más. Ella tomaba mis cabellos con fuerza y guiaba mi cabeza en aquella expendida comida de labios. Mi pene ya me pidió algo de acción. Me incorporé y le dije si ya estaba lo suficientemente excitada. Ella me dijo que la podía hacer lo que quisiera, pero que no parase de darla placer. Esas palabras fueron la gloria para mí. Tenía acceso libre para cogerme a mi vecina con la que tantas veces había soñado y fantaseado en mis masturbaciones. 
Sin más, me coloque entre sus piernas, coloqué la punta de mi pene en la entrada de su vagina y la fui metiendo poco a poco, lentamente, como si fuera la primera vez. Me quede mirándola y observe que tenía los ojos cerrados y que cuanto más iba entrando mi miembro venoso en su interior más se reflejaba en ella la satisfacción plena del sexo. Una vez la tuve completamente dentro me detuve un segundo para ver su reacción, diría que fue inmediata. Me rodeó con sus piernas cruzándolas en mi espalda y me dijo que la cogiese como nunca me había cogido nadie.  
Comencé un mete-saca lento pero fuerte y algo violento. Ella gemía como una perra y me pedía que fuera más rápido, pero yo no le hice caso y seguí con mis fuertes y lentas embestidas. Su cara de excitación y gemidos hicieron más efecto que sus palabras y por fin empecé a cogérmela con rapidez pero con la misma fuerza. En ese momento sus gemidos se incrementaron aún más y su cara era de completo placer.  
Mi pene entraba y salía de su sexo a un ritmo continuo, y sus pechos bailaban ante mí hipnotizándome. Seguimos con ese ritmo desenfrenado unos cuantos minutos más, hasta que sus gemidos se convirtieron en gritos y me apretaba cada vez más con sus fuertes piernas de gimnasio. Era lo que precedía a un impresionante orgasmo con el que inundo su vagina de flujos. 
Después de estar en una desenfrenada cogida durante unos quince minutos, yo comenzaba a estar cansado. Así que decidí cambiarme de posición. Me salí de su sexo y me recosté en la cama boca arriba al lado de ella. Se incorporó, se puso sobre mí, apunto mi pene de nuevo a su vagina, y de un estacazo lo metió otra vez hasta lo más profundo de su ser. 
Me cabalgó con locura. Yo acariciaba y acariciaba sus preciosas tetas. Ella colocaba sus manos sobre mi pecho para ayudarse a entrar más desenfrenadamente. En ocasiones arqueaba su espalda y me deleitaba con su escultural cuerpo en todo su esplendor.  
Sus gemidos me hacían ponerme muy caliente. Subía, bajaba y mi pene entraba como una estaca en su precioso sexo. Me decía si me estaba gustaba como cogía la perra de su vecina. Yo le conteste que era una diosa con la que hacía tiempo que deseaba coger. Me pregunto si ella cogía mejor que mi novia. Yo le conteste que por supuesto que sí, que nunca nadie me había hecho poner tan caliente como ella. Ella me dijo que coger con jovencitos como yo era lo mejor, que somos puro fuego en la cama.
 Mis fuerzas volvieron. Me incorporé, la levante y la coloque sobre la cama a cuatro patas. Me situé detrás de ella y se la clavé violentamente. Comencé a penetrarla a un ritmo frenético. De tan rápido que iba sus gemidos eran cortos y secos. Coloque mis manos sobre sus hombros para ayudarme a que las embestidas fuesen más violentas y mi pene la taladrase todo lo posible. Veía mi erección entrar y salir rápidamente por aquel agujerito completamente mojado. Después de unos minutos en esa posición me dijo que se iba a correr otra vez, y así lo hizo. Sus gemidos de nuevo se convirtieron en gritos de placer. Yo la advertí de que también me iba a correr y me dijo que la sacase y me corriese fuera. Pero correrme fuera es algo que nunca me ha gustado demasiado, quería inundar a esa hembra con mi semen.  
Rápidamente mojé mis dedos con sus flujos y se los metí directamente en su ano para lubricarlo un poco. Ella gritó de dolor al sentir mis dedos, y temiéndose lo que le venía por detrás me dijo que no lo hiciese, que le dolía mucho. Pero yo en ese momento ya no atendía a razones. Saqué mi pene de su vagina y la clavé en su culo. Ella gritó como nunca, pero esta vez de dolor. Comencé a embestirla por su detrás lenta pero violentamente. Aquello me excitó muchísimo, su culo era estrechísimo y mi placer se incrementó. Ella gritaba cada vez más diciéndome que parase, pero yo seguía. Le di muchas embestidas hasta que le inunde sus entrañas con mi semen.
 Cuando retiré mi pene de su ano comenzó a salir mi semen mezclado con un poco de sangre. Ella se desplomó exhausta sobre la cama y me dijo que era un maldito por haberla cogido por el culo. Yo le dije que era ella quien había querido que me la cogiese como nunca antes la habían cogido, y yo hasta aquel día no había probado el culo de nadie. Ella se me quedó mirando con cara seria pero picarona y me preguntó que cuando podríamos repetirlo, solo la mire y otra vez mi erección comenzaba su camino dándole la respuesta en ese mismo momento.
ESCRITOR EROS (DAVID DEL MAR)